LOS CENTAUROS Y LA PASION 

  Es gracias a la pasión, en cualquiera de sus formas, que nos sentimos vivos. Pero si la pasión dura demasiado, morimos, y por eso capitulamos ante la "cultura" o ante la "realidad" para sobrevivir. Igual pasa con la revolución: termina pronto, porque esa es su naturaleza. Nos habremos renovado, la historia habrá cambiado y seremos libres... por un tiempo. Siempre muere.

   Tal es la naturaleza de los centauros. Representan impulsos y necesidades "crudas" que chocan con el orden normal de las cosas, como si estuvieran "enfermas". Aparecen viniendo del lado opuesto del Sol, de la "otredad", y nos hacen enfrentarnos con partes perdidas de nosotros mismos, de modo que la experiencia es tan intensa como sanadora, haciéndonos sentir un todo otra vez. Sin embargo, también nos hace muy frágiles y vulnerables, de manera que es tanto la cura como su opuesto al mismo tiempo.

   A diferencia de los asteroides de la banda principal entre Marte y Júpiter, los centauros son "diferentes". Estos extranjeros se comportan "salvajemente"; tienen la tendencia a acercarse al Sol en forma vertical, como los cometas, y vienen de muy lejos. Pertenecen a nuestro sistema solar pero llegan desde la dirección contraria al Sol, como fragmentos que nunca fueron integrados y por lo tanto son muy inestables.

   Por esta razón los centauros comparten los temas de herida, intoxicación y muerte, porque representan todo aquello que es muy difícil integrar en nuestras vidas, como la lujuria y el dolor, que generan agonía. En este sentido son muy diferentes de los asteroides de la banda principal, que son mucho más civilizados. Obviamente los centauros no lo son, y el precio que pagan por ese tipo de conducta es la fragmentación, la marginalidad y la muerte. Por algo Plutón es su rey.

   El veneno y la herida lacerante producida por Hércules están presentes en el relato mitológico de los centauros que han recibido nombre. Piensen sobre eso... me recuerda a Parsifal, y la herida de Amfortas, esa historia paradigmática del alma humana y de la herida que nunca sana. El veneno mortal, la agonía, el dolor y la lujuria... !Sí! !La lujuria del Centauro! Como Tristán e Isolda y la poción de amor y muerte.

   La pasión, colectiva o individual, es la cualidad catártica de este tipo de órbitas muy excéntricas y de alta inclinación, de las cuales Plutón es el rey. La pasión nos saca de la historia para hacer la historia, nos saca de nuestra vida normal y nos lanza a un vórtice que agrieta nuestros sentimientos con el fin de renovarlos. La pasión produce la muerte para que pueda haber una nueva vida. Así es Plutón, y es por eso que esta relacionado con estas órbitas centáuricas. La lujuria y la pasión son dos polos de lo mismo. Necesitan redención, necesitan amor. !Claro! Pero mueven al mundo...

   Nunca deberíamos olvidar la jerarquía planetaria. No está en la naturaleza de los centauros darnos integridad. Eso le corresponde al Sol. Lo que hacen es catalizar y limpiar, tocar y liberar, poniendo en movimiento nuestra vitalidad estancada. Ellos nos traen las verdades fragmentadas que flotan a nuestro alrededor como sedimento; nos movilizan en nuestro interior, pero sin dirección. Nos harán confrontar nuestros desequilibrios y nuestros condicionamientos culturales.

   Piensen, por ejemplo, en algunas de las características más hospitalarias de Quirón, como la adopción y la terapéutica, siendo Quirón --creo yo-- más bien portado que los otros centauros (un hecho que se evidencia en su órbita de poca inclinación y excentricidad, cuando se compara con las de su parentela). Hay algo que está incompleto, algo anormal: existe una falta, un desequilibrio, hay dolor, una búsqueda de algo ausente. Por ejemplo, la ausencia del verdadero padre, o la ausencia del verdadero hijo... o me encuentro enfermo, abandonado, urgido de medicina o de una vacuna que me ayude a recobrar mi habilidad de ser normal, de ser humano, completo.

   Por eso es que después de un tiempo nos rendimos, para liberarnos del dolor, porque todos somos centauros. La herida es inherente a la condición humana, exquisitamente representada en la hospitalaria y trágica figura de Quirón. Todos compartimos esa dualidad irredenta entre la pasión y la cultura, y como le correspondió a Quirón, todos pagamos el precio.

   Los centauros son como "octavas" de Plutón, dinámica y físicamente, sólo que más pequeños y más cercanos a nosotros. En realidad son como visitantes llenos de potencia mágica, como los cometas, o como los chamanes, figuras de épocas y lugares remotos o ya idos, "psicopompos" que catalizan nuestra vida anímica. Astronómicamente, cruzan los dominios de los planetas gigantes, navegando a través de ellos en forma perpendicular. Sus órbitas son caóticas, inestables, "sufren". Son objetos de muy lejos que corren salvajemente en un mundo que no es el de ellos, acercándose al Sol en ángulos rectos en lugar de circundarlo; y, a diferencia de los otros planetas, morirán pronto. Éste es el precio que pagan por su libertad.

   Imaginen sus órbitas: son muy elongadas, viniendo "directo hacia nosotros" y moviéndose muy rápido conforme alcanzan su menor distancia al Sol, incluso --como es al menos el caso de Quirón-- desplegando su coma como una aura numinósica, para después comenzar a alejarse y casi desaparecer en muy lento movimiento. Esta forma de moverse es catalítica: golpea, abre, despierta, y como las flechas de Hércules, inflige dolor, a veces hasta la desolación y la muerte.

   Existen muchos otros cruceros de órbitas, moviéndose en regiones cercanas a la Tierra. Lo que tienen los centauros es que son "distantes", actuando en los dominios de Saturno hasta Plutón, y esta parece ser la razón de su acción más abarcante, cuando se les compara con los que están más cerca de nosotros. Ellos nos ponen en contacto con lo que está más allá de nuestro alcance, como la muerte, el dolor y la lujuria, como la naturaleza virgen o las creaturas salvajes.

   Llegan, "tocan" y se van, como mensajeros de otras dimensiones. No hay nada "ligero" acerca de su modo de actuar. Realmente son lentos y más profundos, pues vienen de las áreas oscuras de nuestras vidas, como las heridas de la niñez. Pero eso no significa que todo es lúgubre, sino que su acción es comparable en fuerza con los planetas grandes pero su modo de actuar es diferente. Quirón era sabio y compasivo, pero seguía siendo centauro, y en esto consistía últimamente su herida. Todos estamos lisiados de una manera o de otra, como Quirón.

   Cuando algo toca una herida primaria, todo se vuelve muy intenso. Sufrimos nuestra "pasión", hacemos contacto con lo que esta "crudo" en nosotros... Yo siempre sentí que esto es muy plutónico, y bien, sí lo es; pero quizás sea el papel de los centauros, heridos y lisiados, traernos este tremendo poder plutónico para que podamos hacerlo más humano, para que podamos reírnos. Todos estaríamos muertos y congelados en el mundo de Plutón.

   Cuando dos seres entran en intimidad espiritual, sucede una impregnación. Esto podríamos ilustrarlo en el caso de un encuentro con un ángel, o si nos vamos a vivir al mundo de los delfines por un tiempo. Es muy peligroso, pero se siento un fuego en el interior que nos impulsa a hacerlo. Es una "visita" que se experimenta con gran intensidad, como si estuviera fuera del tiempo, pero su atemporalidad y su intensidad no pueden durar; así somos los humanos. Sin embargo, los frutos de esa impregnación estarán con nosotros para siempre.

   Por eso los centauros nos pueden curar y liberar del dolor, no a la manera de los médicos, sino a la manera de un chamán.

   Todo esto puede sonar muy severo. Sin embargo, me doy cuenta de que es gracias a ellos que existe libertad. Gracias a ellos nunca me quedaré estancado, nunca cesaré de maravillarme... !Y siempre estaré vivo porque nunca seré el mismo una vez que me hayan tocado con el poder sanador de su  herida mortal!
 

Juan Antonio Revilla
San José, Costa Rica, 24 de Febrero de 1999
 


 
 

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