NATURALEZA Y ESTUDIO DE LA ASTROLOGIA


   Uno de los principales requisitos para el estudiante que se inicia en astrología --y en realidad en cualquier tema similarmente complejo-- es la paciencia. Muchas personas inician sus estudios con gran entusiasmo pero sin una idea clara de su utilidad práctica. Aunque las razones para iniciarse en un estudio sistemático bajo la guía de un instructor, en contraste con el estudio casual y superficial basado en libros de variado valor, son diferentes en cada persona, el entusiasmo muy a menudo comienza a transformarse en impaciencia, puesto que se quisiera obtener un provecho palpable en pocas semanas.

   El beneficio que las personas esperan obtener del estudio de la astrología generalmente es muy superficial, y se reduce a un "conocimiento" psicológico, espiritual o meramente mecánico, en términos de las fuerzas que determinan el carácter y las circunstancias de la propia vida. Aunque en la actualidad son una minoría los estudiantes que se inician con la visión más tradicional de "adivinar", el nuevo enfoque psicológico, en la manera en que generalmente se entiende, no es menos superficial.

   Con el tiempo, el estudiante se dará cuenta de que la astrología es algo muy extenso, complejo y arduo --exactamente igual que cualquier campo del conocimiento que se considere con seriedad. Pero el hecho es que debido a la atmósfera mística y comercial que rodea a la astrología, muchos estudiantes esperan, equivocadamente, hacerse "astrólogos" en unos meses y hacer maravillas con el conocimiento que han aprendido; tarde o temprano se darán cuenta de que eso es imposible. La impaciencia se convierte en frustración y el estudiante se retira desilusionado, pensando que ya sabe suficiente astrología como para entender que eso no es lo que andaba buscando. 

   El cuadro es típico: una serie de conceptos más o menos desordenados y mal asimilados que se añaden al acervo de conocimientos acumulados; un trabajo cerebral que al final lo hará regresar al lugar donde partió: el sentimiento de que aún no ha encontrado lo que le pueda llenar, de que ése no es el saber que busca. Naturalmente, el problema no está en la astrología (suponiendo que el instructor sea suficientemente experimentado), sino en el concepto que el estudiante tenía acerca de lo que significa estudiar astrología, de lo que realmente está aprendiendo. 

   La astrología es cosas diferentes dependiendo del punto de vista del astrólogo, de su cliente o del estudiante. Para el astrólogo se trata de una herramienta y una disciplina acerca de su uso: él es un perito. Al igual que con la medicina o el derecho, eso se logra sólo con los años de arduo trabajo y el refinamiento de los talentos. La astrología es para el astrólogo, por definición, una práctica, para cuya excelencia se necesita madurez.

   Desde el punto de vista del cliente, la astrología representa una ayuda que se busca generalmente con un interés más bien narcisista y personal. Buscamos la astrología como una luz, una guía, a veces con intenciones de auto-conocimiento saludables, como un refuerzo positivo en el camino hacia la comprensión e integración de nuestras vidas, relaciones y experiencias. También son muy frecuentes los intereses egoístas y equivocados, como "averiguar" el futuro, encontrar justificación para nuestras debilidades o evadir nuestra responsabilidad achacando nuestros infortunios a factores externos. 

   El estudiante no está en la posición del astrólogo ni tampoco puede estar en la del cliente. Es natural que los conocimientos que vamos aprendiendo los apliquemos a nuestras vidas; pero la causa mayor de frustración con el paso del tiempo, el error principal de la mayoría de los estudiantes, está en querer aprender con motivaciones fundamentalmente inmaduras, expresadas en el deseo de aplicarlo todo a sus vidas y a sus relaciones personales de manera apresurada y fácil; exactamente como se espera en nuestra sociedad de consumo: pretendemos comprar el conocimiento. El fruto de esta conducta es impedir el conocimiento verdadero y hacernos más superficiales de lo que ya somos, en relación con la astrología y con todo lo demás. 

   Si queremos sacar provecho de la astrología lo mejor es encontrar un buen astrólogo que esté dispuesto a ayudarnos. Ninguna persona inteligente pretenderá hacerse médico o sacerdote en pocos meses y mucho menos operarse a sí misma. El hecho es que el conocimiento no es un cúmulo de información especializada, unilateral y simplista, y tanto la astrología como su práctica constituyen un fenómeno complejo que abarca muchas áreas de la experiencia humana. No es posible aprender astrología sin antes conocer adecuadamente su ámbito, su historia, sus capacidades especiales y sus limitaciones. Por lo tanto, antes de comprender cuál es el provecho que el estudiante --a diferencia del astrólogo y de su cliente-- puede sacar del estudio preliminar de la astrología, es necesario aclarar ciertas ideas acerca de ella.
 

   NATURALEZA DE LA ASTROLOGIA

   Uno de los mitos que ha perdurado a lo largo del desarrollo de la cultura humana, está basado en la creencia de que las estrellas juegan un papel controlador en los asuntos humanos. Esta creencia parece haber estructurado civilizaciones enteras, y pertenece a la memoria racial de todo hombre, desde los tiempos más antiguos hasta el presente. La armonía majestuosa del cielo nocturno, sus patrones cíclicos de luz y la recurrencia de las estaciones, han representado para el hombre, desde el comienzo mismo de la civilización, una experiencia muy poderosa de orden, misterio y esperanza, en contraste con la existencia inhóspita en la superficie de la tierra, sujeta a las contingencias de la naturaleza. 

   En su avidez por traer a la tierra el orden del cielo, el hombre creó calendarios, los cuales se convirtieron en el punto de partida de toda ocupación humana: la estructuración del tiempo. Todas las actividades sociales en nuestra civilización están regidas por el calendario y sus subdivisiones en días, meses y años, cada uno de los cuales se divide a su vez en sub-períodos (horas, semanas, estaciones...). La base para estos períodos de tiempo es astronómica, y se establece en términos de las relaciones mutuas entre la Tierra, el Sol, la Luna y las estrellas. De esta manera, sea por medio de un elaborado calendario o de algún trazo rudimentario de ciclos astronómicos, el hombre pudo establecer un orden en el devenir natural, y organizar su vida y su relación con el ambiente físico mediante las formas culturalmente diversas de medir el tiempo y de relacionarse con él. 

   Es por esto que podemos afirmar, sin lugar a dudas, que la civilización humana tiene un origen astronómico, o más propiamente, astrológico.

   La astrología, desde el punto de vista práctico, es un conjunto de técnicas o de herramientas mediante las cuales es posible analizar y establecer la estructura de prácticamente todo lo que transcurre en el tiempo. Un calendario cualquiera estructura el tiempo con base en una compartimentación de los ciclos astronómicos, los cuales se convierten de esa manera en trozos de espacio sobre los que se trazan distancias temporales. La astrología, mediante un proceso de intensificación semántica, nos presenta una estructura cualitativa del tiempo que puede ser analizada imparcial y objetivamente mediante un lenguaje especializado. Aplicada a la vida de un ser humano, la astrología significa la posibilidad de modelar o representar el sentido y la estructura subyacentes en el desenvolvimiento de su biografía.

   En otras palabras, las estructuras astrológicas, aplicadas a la vida humana, establecen un calendario del desarrollo de nuestra vida, mediante la medición y el trazo matemático de las dimensiones subjetivas y cualitativas de la experiencia. La ciencia moderna, montada sobre la supuesta imposibilidad de estudiar "científicamente" lo que no es cuantificable --como la conciencia y la experiencia subjetiva del hombre-- rechaza irracionalmente la astrología, cuya vitalidad en el presente amenaza con el derrumbamiento del muro de racionalismo positivista y mecanicista que durante más de dos siglos ha mantenido subyugada y ensombrecida la voluntad cognoscitiva del hombre.

   La actividad de los planetas del sistema solar no se modela en términos de influencias hipotéticas sino a través de una concordancia o correspondencia entre la dinámica planetaria y la de una vida humana. El que los planetas tengan influencia o no, no tiene ninguna importancia para la astrología. Son los movimientos, las relaciones mutuas lo que se toma en consideración para el establecimiento de una especie de sinfonía biográfica cuya partitura deber ser interpretada de acuerdo con la capacidad y el talento del astrólogo. Hablar de influencias astrológicas o efluvios planetarios es un viejo hábito que hoy es por completo inútil, pues representa una explicación arcaica del mecanismo astrológico que es a todas luces insostenible y no resiste el más mínimo examen crítico. El que todavía se siga hablando en esos términos, tanto de parte de los detractores como los defensores de la astrología, es un reflejo de la falta de seriedad y la irracionalidad de unos y de otros.

   Una estructura o mapa astrológico es un modelo matemático de la realidad que nos permite identificar o describir en forma más significativa y abstracta la experiencia; pero el hecho de traducir un fenómeno al lenguaje especializado de la astrología no significa haberlo explicado o comprendido: la astrología es esencialmente un margen de referencia analítico para la mente, no la realidad misma. Así como el calendario ordena el tiempo, la astrología ordena la existencia dándole cualidades al devenir mediante la triangulación del espacio viviente y en movimiento en la conciencia. La astrología no duplica la realidad sino que la simplifica y la generaliza; es la función, o el significado funcional de la realidad, lo que revela una estructura astrológica, nunca la realidad en sí. 

   Como toda ciencia, la astrología reduce la realidad a una serie de categorías básicas que permiten emprender el análisis; estas categorías y sus inter-relaciones constituyen un lenguaje. En este sentido, la astrología puede considerarse como el arte de la reducción lingüística y psicológica de los elementos constitutivos de la experiencia humana. La reducción de la existencia a categorías manipulables no es conocimiento propiamente sino un lenguaje más abstracto y sintético; es decir, es una forma de metaconocimiento, de organizar y estructurar el conocimiento al mismo tiempo que controlamos sus métodos y resultados. 
 

   LA INTENSIFICACION SEMANTICA 

   El análisis del mapa astrológico, conjugado con la observación inteligente de una experiencia en términos de secuencias temporales, nos permite elevar exponencialmente el significado de una situación o conducta cualquiera, que por sí misma no nos revelaría mucho. Al referir una experiencia a la estructura astrológica sacamos el significado de los límites determinados por la situación inmediata, y colocamos este significado en un margen de referencia que trasciende las circunstancias, y que nos permite apreciar --e incluso contemplar-- a la persona en términos de sí misma, como una conjugación de su pasado, su presente y su futuro más allá  del tiempo establecido por las circunstancias inmediatas. En otras palabras, intensificamos hasta tal punto el significado de una conducta o de una experiencia, relacionándolos con el complejo total de la biografía, que penetramos hasta el potencial o la promesa que se revela en una visión extendida en el tiempo, la cual aparece lúcidamente en la intuición. Esto es posible gracias al constante diálogo entre la experiencia observada y la estructura del mapa astrológico. Este diálogo, producto de una ardua disciplina, hace posible un nivel de entendimiento superior que se acerca a la sabiduría. 

   En la práctica, es posible elucidar la vida en su conjunto, pues ésta queda iluminada por la persona que la ha vivido hasta el momento del análisis. Puesto que la mecánica geométrica y astronómica del mapa astrológico permite proyectarse ilimitadamente en el pasado y en el futuro, es posible hacer predicciones, así como re-interpretar el pasado. La astrología "predice" al igual que cualquier otra ciencia, como la medicina predice el desarrollo de una enfermedad o el meteorólogo el estado del tiempo; se trata de una aproximación estadística que se establece mediante un proceso perfectamente racional. Es posible "intuir" el futuro, cuando la conciencia organiza las eternas e ilimitadas potencialidades del devenir, pero el papel de la astrología aquí es solamente proporcionar una dirección a la intuición altamente desarrollada del astrólogo. En otras palabras, la astrología penetra los misterios de la existencia humana sólo en la medida en que sirve de guía, de referencia analítica para la actividad exploradora de la mente.
 

   RAZONES ASTROLOGICAS

   Para el estudiante, la astrología es al principio una fuente que aplaca su sed de conocer las diferencias entre las personas. Se convierte en un alivio para la sensibilidad, pues objetiva los matices de la experiencia que son superficialmente imperceptibles, identificándolos y proporcionando un lenguaje para manipularlos. Su mapa astrológico le ofrece un enfrentamiento entre la objetividad y la subjetividad de su experiencia. El estudio de la astrología puede llegar a ser para él un monitor magistral de su interacción con las situaciones, con las personas y consigo mismo; sin embargo, el enfrentamiento debe ser concreto, de manera que se vaya resolviendo efectivamente conforme pasa el tiempo. 

   Son muchas las personas que han dedicado sus vidas al estudio de una astrología puramente teórica, dogmática y "arcana", que en lugar de acercar al hombre a un conocimiento dinámico y vital, sólo contribuye a su rigidez cognoscitiva. Para estos estudiantes vitalicios la astrología representa un fijismo idealista que absolutiza las indicaciones astrológicas convirtiéndolas en una camisa de fuerza o en un superficial "las estrellas inclinan pero no obligan" que se presenta como "conocimiento espiritual". El diletantismo astrológico de los esoteristas que hablan de astrología dentro de un círculo de conceptos arcaicos ha sido el principal enemigo del verdadero conocimiento. Hablar de astrología en abstracto, como si fuera algún conocimiento misterioso u "oculto" es no entender el hecho de que la astrología, como la psicología, es una herramienta cuya importancia y trascendencia se encuentran en el ejercicio de su práctica.

   El astrólogo nunca utiliza las estrellas. Las relaciones que se dan en una estructura astrológica no son las relaciones que se dan en el cielo sino una representación geométrica simplificada y arbitrariamente manipulada de los movimientos planetarios. El astrólogo no es un conocedor de los astros sino un especialista en el manejo de una técnica de gabinete, y no experimenta una relación con el cielo sino con modelos abstractos tradicionales muy alejados de la dinámica celeste. El estudiante debe recordar siempre la verdad fundamental: el mapa astrológico no es un mapa del cielo sino un mapa del hombre o de su conciencia. 

   En sus primeras etapas, el estudiante no debe pretender un conocimiento técnico sino más bien semántico; debe aprender a combinar dinámicamente y en los términos más concretos posibles los diferentes elementos astrológicos en referencia a situaciones de la vida real. La comprensión dinámica de la vida exige ver la experiencia en términos de procesos en el tiempo, y es necesario una gran cantidad de conocimiento psicológico que debe ser aplicado en su legalidad astrológica. No se trata de hacer una réplica astrológica de la realidad sino de un ordenamiento de ésta, y el deslumbramiento inicial del estudiante con la capacidad duplicadora de la astrología debe dar paso al conocimiento de las propiedades especiales del lenguaje astrológico. 

   El aprendizaje de este lenguaje exige un ejercicio mental que tiene efectos definidos sobre la conciencia. Debido a su carácter analógico y a un complejo sistema de correspondencias que el estudiante aprende a emplear en función de sus capacidad imaginativa, el pensamiento y la experiencia se intercalan para hacer aparecer relaciones insospechadas que abren la puerta a una transformación de la realidad. La astrología tiene sus propias reglas de pensamiento, su propia lógica, y su ejercicio libera facultades creadoras de la mente que agudizan la percepción y permiten un desarrollo disciplinado de la imaginación. 

   Este es el punto principal que el estudiante debería tomar como lema, y que lo orienta hacia una actividad más profunda: la disciplina o rigor, la austeridad mental que exige la práctica de la astrología, es más importante que la astrología en sí, o por sí sola. O dicho de otro modo: el ejercicio continuado impone una disciplina, una sobriedad o rigor racional que equilibra las emociones y las transmuta; eventualmente, como la alquimia, produce una genuina transformación de la conciencia. No todos tienen que hacerse astrólogos, pero todos pueden beneficiarse de su estudio. 
 
 
 

Juan Antonio Revilla
San José, Costa Rica, 1992
 


 

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