La Práctica de la Astropsicología
I. Sobre la Astropsicología
Uno de las principales dificultades para explicar
cómo procede el astrólogo psicológico, es que muchas
veces la gente (y los astrólogos) andan buscando fórmulas fáciles,
como quien va a comprar un producto al supermercado. Tenemos mentalidad de
recetario de cocina, y pensamos que hacer astrología significa aplicar
fórmulas y recetas previamente establecidas.
El astrólogo, tradicionalmente, no es un "escuchador",
sino un "decidor". Tendemos a pensar que nuestra labor consiste en "predicar"
(o predecir), y no en escuchar o aprender. Y el problema es que hay algunos
astrólogos que piensan que esta actitud de aprender y de escuchar --en
lugar del "yo sé mejor que usted"-- significa que uno es un mal astrólogo
y que debería trabajar en otra cosa, sin darse cuenta de que esa actitud
es más bien dañina e ingenua.
A pesar de lo que han manifestado con frecuencia
algunos encandilados por el poder predictivo de la astrología, la
vida no es una camisa de fuerza ni una matriz de compulsión. Es un
sistema abierto de concordancias entre lo interno y lo externo, entre carácter
y circunstancia, entre mecánica celeste y acontecer terrestre. Todo
este sistema de relaciones sucede en el interior de la mente, que organiza
la realidad y otorga nombre y significado a las cosas, de manera que con la
imaginación es posible transformar la realidad en cuanto a experiencia
vivida o por vivir.
En otras palabras, mi labor como astrólogo
consiste en mostrar las posibilidades que la vida siempre ofrece, enfatizando
que el resultado de un acontecimiento o experiencia no depende de "los astros",
sino de lo que nosotros hacemos con lo que vivimos.
No requiere mucho esfuerzo mental entender que todas
las personas tienen diferentes capacidades imaginativas, y que unos perciben
muchas cosas donde otros no perciben nada. Hay quienes no creen en cierto
tipo de experiencia o sentimiento porque nunca lo han vivido o no lo pueden
sentir, y entonces proyectan su experiencia subjetiva sobre el resto del mundo.
Desgraciadamente, los astrólogos hacemos esto con mucha frecuencia,
y pretendemos que nuestra propia manera de entender la astrología es
lo que la astrología es, y ya, sin darnos cuenta de que estamos generalizando
nuestra propia perspectiva psicológica pretendiendo que es universal.
Todo esto es muy general, pero puede considerarse
como mi respuesta a los que pretenden ver la astrología como un sistema
para la predicción exacta. Igualmente se aplica a aquellos que utilizan
fórmulas y recetas para sacar conclusiones acerca del karma y de la
vida anterior de las personas. No hay fórmulas ni recetas a la hora
de dar significado o de encontrar el sentido de las cosas. Sucede igual con
la interpretación de lo sueños: jamás encontraremos en
un libro lo que significa un sueño particular, aislado del contexto
de la persona que se lo soñó.
Se ha pedido en el foro que los astrólogos
psicológicos expongan sus casos concretos y sus "fórmulas"
sin comprender el carácter orgánico y dinámico de la
práctica de la astro-psicología, donde las relaciones y los
significados --y la predicción de experiencias en lugar de acontecimientos--
surgen de la interacción viva con el cliente/paciente o consultante,
del cual aprendemos y absorbemos tanto como ellos de nosotros, en una relación
recíproca similar a la alquimia donde ambos salimos transformados y
enriquecidos.
La astrología es como una moneda con dos caras:
una es la teórica, los cálculos y toda la técnica, y
la otra es la parte humana, pues ser astrólogo significa atender a
la gente que viene en busca de guía y de orientación. Muchas
veces se olvida esta segunda cara, y se olvida el hecho de que cuando uno
trabaja con gente, la principal herramienta es uno mismo, mi propia personalidad.
Y es esta relación dinámica y recíproca entre el cliente/paciente
y el astrólogo la que retroalimenta a la otra cara, corrigiendo nociones
erróneas y cerradas que pretenden ver la labor del astrólogo
en un sentido nada más, donde lo teórico y numérico se
aplica a la realidad. Pero la realidad también se aplica a lo teórico
y numérico, corrigiéndolo y demarcando sus limitaciones.
Y la astrología tiene muchas limitaciones.
Como vamos a ser buenos astrólogos si no conocemos a fondo y comprendemos
estas limitaciones?
II. Sobre la sesión astrológica
Siempre se establece una relación con el cliente/paciente,
relación que pertenece al campo psicológico y de lo espiritual,
y se escapa del alcance de la astrología como normalmente la entendemos.
Ser astrólogo no es nada más trabajar con números y
con fechas: es también trabajar con gente, con sentimientos, con muchas
preguntas que no tienen respuesta, con un misterio...
La sesión con un astrólogo siempre
involucra grandes dosis de psicología y es esto lo que permite que,
bajo ciertas condiciones, una sesión astrológica pueda convertirse
en sesión de terapia, si el astrólogo se siente así
inclinado y utiliza sus herramientas con ese propósito en mente.
Cuando se trabaja desde el enfoque psicológico,
la consulta/sesión es algo vivo, siempre nuevo y diferente, donde aprendemos
y quedamos con mutuo sentimiento de gratitud. No sabemos adónde va
a parar. No sabemos lo que va a resultar. Yo sólo doy lo mejor de
mí, y la persona, en retorno, comparte lo mejor de sí. Si da
buenos frutos, es por la mutua confianza y la buena voluntad de los dos.
Por eso siempre nos enriquecemos.
El fin de la sesión astro-psicológica
no es nunca "predecir", ni tampoco hablar de "signos y planetas", sino ayudar
a la persona a encontrarse a sí misma, por decirlo de alguna manera:
el fin de la sesión no es "leer el mapa", sino ayudar.
El material de trabajo es la vida de alguien, su
biografía. Mi herramienta principal es mi propia personalidad de terapeuta,
tal como se manifiesta en mi gesto y en mi voz cuando atiendo a la persona.
Y la astrología es como el bisturí con el que penetro en el
corazón y las arterias de esta vida/biografía. Yo soy un artesano,
un artista, quien con la ayuda del cliente/paciente, le estamos dando forma
a su pasado y su presente, para ver en qué dirección va su
vida, y poder ayudarle a que la pueda sanar.
Lo importante es tener siempre claro que nuestro
objetivo no es "leer el mapa" sino ofrecer una ayuda. Esto requiere que uno
esté muy atento a las diferencias de cada individuo, pues lo que ayuda
a uno puede que al otro "no le llegue". Uno necesita mucho discernimiento
y sentido de auto-crítica para poder percibir cuándo uno está
ayudando y cuándo no.
La astrología es una herramienta o caja de
herramientas que utilizo a discreción, como un cirujano utiliza su
bisturí, pero es sólo eso. El misterio no está en la
Astrología sino en el objeto a la que la queremos aplicar y en la
relación que establecemos con este objeto.
Una herramienta puede ser utilizada para diferentes
cosas. La astrología tiene la propiedad de poder extenderse en el
tiempo ilimitadamente, por lo que puede ser utilizada para re-interpretar
el pasado y para organizar las posibilidades del porvenir. Desde el punto
de vista psicológico, la re-interpretación del pasado es undamental,
sin la cual no es posible el auto-conocimiento y la curación, y el
vaticinio pasa a un segundo o tercer plano. Ante la realidad rotunda, inagotable
y milagrosa de mi presente, encarnación de mi pasado, el futuro deja
de tener importancia.
Se trata de poder esclarecer la coherencia del Yo
y de su historia. No "adivinar" los acontecimientos, sino la experiencia
subjetiva que los acompaña, su sentido, el lugar que esas experiencias
ocupan en el conjunto del orden y estructura de la biografía.
Desde el punto de vista psicológico, es muy
ingenuo reducir un aspecto cualquiera por progresión, tránsito,
o dirección, a un único acontecimiento o evento. El que está
acostumbrado a trabajar con símbolos sabe las muchas formas que el
símbolo asume en la realidad objetiva o externa, y lo mucho que se
puede extender en el tiempo todo el abanico de posibles experiencias que
un sólo símbolo ofrece.
Nunca dejamos de aprender. Nos damos cuenta de que
la única manera de ayudar verdaderamente a los demás es conociéndome
yo muy bien, lo cual es un proceso interminable, un esfuerzo sin fin por ofrecer
algo de valor a los que llegan a mi consultorio. Cada consulta es siempre
un gran esfuerzo, una nueva creación, algo nuevo que aprendí,
un nuevo reto que pude superar. Yo no soy una máquina a la que el
cliente paga y "oprime un botón" para recibir información.
Es tan importante aprender a escuchar, especialmente
nosotros los astrólogos que sentimos que nuestro trabajo consiste
sólo en hablar o en dar información. El mapa astrológico
cobra vida solo cuando la persona comienza a hablar, y uno se comienza a
maravillar...
Todas la vidas tienen un corazón donde se
juntan el amor, el dolor y la muerte, y es sólo cuando llegamos a
ese corazón cuando brotan las aguas de la vida que pueden curar. Si
esto se oculta, jamás puede haber sanación. Cuando esto se
toca, comienza la magia.
III. Sobre nuestro involucramiento en la sesión.
La forma en que el astrólogo usa la astrología
refleja sus valores ante la vida, y también su propia dinámica
psicológica personal, incluidos los mecanismos de defensa y las fijaciones
y miedos infantiles. Por esta razón, la propia personalidad del astrólogo
es su herramienta última más importante y poderosa, con la
cual debe trabajar siempre y por necesidad. Su práctica es siempre
un reflejo de su personalidad.
Quien tiene verdadera vocación para ser médico,
sacerdote, psicólogo, psiquiatra, maestro, enfermero, etc., todas las
profesiones que --como el astrólogo-- intervienen directamente en
el "karma" de la otra persona, no se dejará llevar por el argumento
de que la evolución espiritual consiste en hacer que mis opiniones
no interfieran en la vida de los demás.
El involucramiento personal del astrólogo
--o del psicólogo-- es inevitable. Como en los casos del aborto, de
la eutanasia, la eugenesia, o la homosexualidad, no existe una fórmula
universal que se aplica a todo el mundo y que nos evite la necesidad de comprometernos
y encontrar una respuesta propia. En el caso del astrólogo tanto como
del psicólogo, la palabra es una espada --o un bisturí-- con
el que se puede herir tanto como sanar. Pero debemos entender que el acto
de estar en sesión con un cliente o paciente es una convivencia recíproca
donde las dos personas participan por voluntad propia y por propia responsabilidad.
Como fruto de la sesión, una parte de mí
ha quedado en la otra persona, y la otra persona ha dejado una parte de sí
dentro de mí. Nos reunimos por un acto de buena voluntad hacia el
otro, de respeto mutuo, de aceptación de nuestros defectos, de aceptación
de que cometemos muchos errores y de que nos podemos equivocar. Si el astrólogo
pisotea mi libertad y mi dignidad, pues yo soy igual de indigno al estar
ahí y tragarme las sandeces que me están diciendo...
No debemos subestimar la inteligencia del que consulta
al astrólogo. Es un adulto, y fue allí por su propia responsabilidad.
Y no es ningún inocente que se lo traga todo.
En otras palabras: la labor de un astro-psicólogo
es una labor de dos, es una responsabilidad compartida en la que está
de por medio siempre un ritual. Igual que con el médico, con el abogado,
etc. No hay diferencia desde este punto de vista. ¿Se imaginan qué
horror, el karma tan horrible que debe enfrentar un abogado que pierde un
caso o un médico al que se le muere un paciente?
Yo intervengo en el karma de los demás, mi
vida y la del otro han cambiado después de conocernos... ¡Sí!
¡Quizás por eso voy a tener una vida más corta! ¡Sí!
Me he equivocado y he lastimado y muchas veces mis sesiones han sido un fracaso.
¡Sí! ¡Cuánto sufrimiento, cuanto dolor! ¡Pero
quién se erige en mi juez? ¿Quién juzga mi intención
y la relación que tengo con mis errores y mis fracasos? ¿Quién
piensa que uno no se debe comprometer y no debe intervenir?
Si tú sabes que yo enciendo fuegos, y vienes
a mí, entonces incendiémonos juntos. Echémonos en el
río... ¿Adonde nos va llevar? ¡No lo sabemos! ¡Pero
queremos estar aquí!
Abrazémonos. Pequemos juntos. Transgredamos.
Que cada quién se ciña a sus errores y que no le eche la culpa
al otro. Vivamos. Confiemos en el río que nos lleva. Muchos moriremos
en el camino...
Las aguas de este río son más poderosas
que las pretensiones racionalistas y simplistas de quienes pretenden que
"uno no debe intervenir en el karma del otro." Si estás en el barro,
yo me quiero embarrar contigo, para poder abrazarte y darte mi mano. Entonces,
abrazados, de la mano, conociéndonos las almas, nos transformaremos
y consagraremos los dos, porque seremos luz y cuerpo de un ángel o
de un arcángel que bendecirá nuestro barro y nos llenará
de su gracia.
Juan Antonio Revilla
San José, Costa Rica, 1999.