EL PENSAMIENTO COSMICO
[NOTA: este texto es la transcripción de una charla dada en 1989, por lo que pido al lector comprensión acerca de la diferencia entre el texto que se escribe y la forma de hablar en una charla o conferencia informal. Ha sido editado sólo mínimamente.]
   En el Budismo, en el libro de Herman Hesse, por ejemplo, " Siddartha", al final, trae toda una iluminación en un río, la idea del río tiene siempre una relación con la idea de lo presente, la idea del agua que pasa, la idea del desapego, de las cosas que siempre son diferentes, de una transparencia cristalina del arroyo y de una pureza y de un desprendimiento del hombre frente a la experiencia de la vida. Algo así es la contemplación de un arroyo o de un río, en contraste con la idea del mar que es muy distinta. No es lo mismo contemplar un arroyo donde todo está pasando, que irse a una atalaya en la costa y contemplar el oceáno y el oleaje en el mar o en una playa, con ese sentido del oleaje y de esa vastedad, todas esas cosas que nunca vamos a poder reducir a palabras y que sentimos cuando estamos frente al mar. Y especialmente, cuando contemplamos el oleaje desde una posición determinada, cuando lo vemos desde arriba y especialmente cuando el mar es bravo como en los acantilados. Esto se acerca más a lo que vamos a tratar de hablar ahora, de lo que es el pensamiento cósmico.

   En las primeras palabras del Evangelio de San Juan dice: "en el principio era el verbo y verbo era Dios y el verbo estaba con Dios". Esa idea de "En el principio era el verbo..."  es la idea de ese ritmo, de ese oleaje, o de esa repiración primordial del Cosmos. Todos nosotros desde ése punto de vista somos como brotados de esas olas o de ese oleaje, (o como la imagen que a veces usan en la Teosofía, pero en otro sentido, de oleadas de vida o alientos de vida) es decir, que formamos parte de ese oceáno.

   Y entonces, lo más importante es que no se trata de conceptos teóricos ni de categorías del lenguaje ni de cosas que se pueden definir cuando hablamos del pensamiento cósmico. Se puede tratar de escribir y podemos tratar de acercarnos a ello a través de las palabras, pero una cosa muy distinta es usarlas como gestos a través de los cuales queremos transmitir algo, por que en realidad las palabras no son más que gestos, las palabras no son cosas, y por eso la peor forma de hablar de éstas cosas es en forma conceptual, o en forma abstracta y filosófica, por que no se trata de eso, se trata de gestos que nos hagan acercarnos a esa vida o a ese oleaje. Los conceptos nos alejan de eso, además de que producen un desgaste excesivo en nuestras fuerzas espirituales, y que el pensamiento intelectual consume las energías vitales.

   Hay ideas como el pensamiento abstracto, el plan de Dios, o la mente abstracta, que son precisamente las que nos impiden llegar hasta la realidad, y a la importancia de una realidad como el "Pensamiento Cósmico". Por eso es preferible la idea del Pensamiento Cósmico, a decir el Plan de Dios, por que con sólo decir el Plan de Dios ya nos imaginamos que Dios hace planes como nosotros, y que el plan del Universo es como nosotros podemos imaginarlo, como nos lo presenta un concepto teosófico, rosacruz o antroposófico, con esquemas y gráficos precisos. Nada de esto tiene que ver con la realidad ni con el conocimiento espiritual u ocultista real. Todo eso son apenas los primeros pasos, como quien dice el Kindergarden, y además, muchas de estas cosas correspondían a una época de la humanidad, a finales del siglo pasado y comienzos de este siglo, en donde había que hablar de esa forma. Ahora hay que hablar de otra manera, ahora el hombre puede experimentar cosas individualmente, por sí mismo, que no podía experimentar hace solo 50 o 100 años.

   Ideas o palabras como el Logos, Dios, Cristo, Luz, Amor, Lucífer, o la Gracia, no son conceptos. Y aunque se pueden buscar las supuestas definiciones en un diccionario de teología, siguen siendo, o mejor dicho, son pensamientos o ideas con un carácter y una envergadura universal, o cósmica. Pero no son conceptos en la forma en que estamos acostumbrados a llamar los conceptos, como una serie de definiciones y delimitaciones de ideas, y operacionalizaciones, que se dan en la ciencia moderna o en el conocimiento académico, más bien son ideas en el sentido platónico, o en el sentido del neoplatonismo, son fuerzas. Estas ideas no son ideas en el sentido intelectual, como nosotros nos imaginamos, sino que son fuerzas del Cosmos, fuerzas del Universo, fuerzas elementales, o fuerzas espirituales, y todavía, si nos adentramos más no solamente son fuerzas sino que son Seres Espirituales. El Amor, la Luz, el Logos, la Gracia, todo eso son Seres, fuerzas espirituales que se manifiestan en el Universo y en la creación, son la expresión de Seres Espirituales. Por lo tanto, no se trata de referencias a cosas remotas o conceptos teológicos o filosóficos.

   Siempre hay un problema cuando un hombre como San Juan comienza diciendo, "en el principio era el Logos", pues entonces hay toda una serie de disquisiciones que, todavía hoy, se siguen haciendo acerca de qué era lo que San Juan concebía como Logos. Pero, lo más importante, es que no era ése Logos, que en el sentido de la filosofía griega tenía un concepto filosófico.

   Podemos hacer una diferencia entre el concepto griego de lo divino y el concepto hebreo, donde éste ultimo está basado en el sentido de " oír ", de oír la voz, y esa idea de oír la voz implica obedecer, y así surge el establecimiento de la voluntad, y su fortalecimiento en el hombre a través de la obediencia a su Señor. Esta idea no existe en el pensamiento griego.

   Por eso el Logos, o la Palabra para San Juan, no era el Logos en el sentido filosófico o platónico, sino que era eso, la palabra. Era algo que se escuchaba, era la Palabra que había hecho las cosas, era una palabra creadora que, al pronunciarse en el Universo, el resonar en el Cosmos, había dado origen a todo. Y al ser escuchada por el hombre, significaba, la afirmación de la voluntad espiritual en el hombre, en ésa época personificada en el Señor Jehová.

   Entonces no son reflexiones racionales en ese sentido, lo que hemos heredado de lo que contiene el Cristianismo, sino que son algo así como experiencias personales, vivencias, y especialmente la idea del Encuentro. En donde el individuo se encuentra con una de ésas fuerzas, como en un encuentro de persona a persona, como el individuo que se encuentra con Dios, o con el Angel de Dios, o escucha la voz de Dios.

   Podemos entender más lo que significa esta voz, si en lugar de imaginarnos un señor con boca y cuerdas vocales, pensamos, por ejemplo, en el sonido del viento, pues esta es una experiencia que está más cerca del significado de esa voz. Y entonces, la experiencia de oír el sonido del viento extremeciendo las ramas de los árboles está, por lo tanto, más cerca de lo que significa la vivencia de ése pensamiento cósmico, de ésa voz o de ésa intención.

   No hay que pensar en términos conceptuales porque es una vivencia y no una reflexión. Para el hebreo o el judío era una vivencia, no un concepto abstracto o filosófico. Así, igualmente, para los primeros cristianos era una vivencia, y siempre el Cristianismo fue básicamente una vivencia, un testimonio personal. Fue lo que Cristo hizo y fueron las personas que lo conocieron, no fueron conceptos teológicos.

   Siempre el Cristianismo, desde el principio, llevó la marca de un involucramiento personal muy intenso, en donde las personas se infundían completamente de esos acontecimientos. Hechos, no ideas, fueron los acontecimientos que sucedieron en Palestina, ésa fue la base del Cristianismo.

   Este encuentro, esa experiencia del pensamiento cósmico o del encuentro con el espíritu, es de lo que, en el mismo prólogo de San Juan se habla como un estar lleno de gracia, o más bien lleno de consagración. Dice: "Y fuimos testigos de su gloria, llenos de gracia y de verdad" (llenos de consagración y de verdad). Ese sentimiento de estar lleno de consagración es lo que significa la experiencia del pensamiento universal, de la mente universal o de la mente cósmica. No lo es, el hacer reflexiones racionales acerca de los supuestos conceptos de lo que es el plan de Dios.

   Y es una experiencia que implica la idea del árbol del paraíso:  volver al paraíso, a alimentarnos de ese árbol de la vida. Y el extremecimiento del follaje del árbol de la vida en el paraíso cuando ellos tomaron el fruto prohibido. Dice el Génesis: "Escucharon la voz de Jehová-Elohim que se paseaba en el huerto, en el viento del día". En el vendabal del día, que es como la idea de la voluntad que ellos percibían, pero manifestada a través del movimiento del follaje.

   La idea del árbol de la vida es la idea de ascender a ese estado en que nos encontrábamos cuando salimos a este mundo tenebroso, a este mundo de profundidades, congojas y angustias en donde estamos metidos en la cueva de nuestro egoísmo. Un estado en el cual ascendemos a un mundo de luz, a un mundo de agua viva. Esa es la experiencia de Cristo y Cristo es ése árbol de la vida.

   Somos nosotros los que en esta época de individuos independientes y autosuficientes podemos vivir ésa experiencia de Cristo. No así en la Edad Media donde se gestó el Rosacrucismo. En la edad media gótica todavía no existía esa idea cristiana propiamente, sino que seguía siendo una religión del viejo testamento, una religión de Jehová, que estaba dominada por un poder que era en realidad secular, que no era sagrado, que era el poder de la Iglesia como Institución.

   Pero lo importante ahora para nosotros es que esa idea del pensamiento cósmico es la esencia del conocimiento espiritual, y, la esencia del ocultismo son esas ideas universales. Y para comprenderlas es mejor pensar en el hecho de que, la relación con ése pensamiento implica un involucramiento total de la persona. Que no se trata de contemplar las ideas en el sentido griego. No es un conocer un conocimiento o una inteligencia en el sentido griego, sino que es un encuentro, un involucramiento completo. Es el estremecimiento del hombre que traemos, lo que fue la herencia, o el aporte del pueblo hebreo y del Antiguo Testamento, a nuestra vida espiritual.

   Ese encuentro y ése conocimiento del pensamiento universal o de la mente cósmica, implica entonces el compromiso, la obediencia, el involucramiento total de hombre. Y lo que significa es la incorporación, a través de Jehová, del Yo dentro de la individualidad humana, del yo cósmico, del yo espiritual del hombre, como lo podemos ver en el sentido histórico. En la Antroposofía, este pensamiento es lo que se llama Manas o Pensamiento Abstracto en la Teosofía, y en la filosofía Indú. El Yo espiritual, y propiamente el Yo espiritual del hombre, es ése pensamiento cósmico cuando se individualiza.

   Entonces, ese proceso de individualización o de encuentro con esa mente cósmica, que se individualiza, que produce ese involucramiento total, es como la encarnación en nosotros de todo eso. Es en otras palabras la encarnación de la voluntad divina. Ese es nuestro Yo que se individualiza aquí en la Tierra y es nuestra esencia, es lo que nosotros somos en realidad, y es una interiorización de la realidad divina, o de la divinidad. Por eso entonces no podemos hablar de mente abstracta, ni de intuición, ni de telepatía, por que esas cosas son conceptos materiales, son conceptos cerebrales.

   Actualmente nosotros hemos perdido la idea de aquello que es trascendente, la idea de lo que realmente es sagrado, la idea del misterio. La idea de lo que es superior al ser humano, se ha perdido incluso en la misma misa. Antes la misa era en latín y nadie entendía nada, pero había una serie de ritos y se producía una atmósfera que conducía al misterio. Sin embargo, ahora el énfasis es en la fraternidad, en la comunicación y en la idea de la comunión entre personas, y el misterio se perdió. Y ahora los sacerdotes están orientados sobre lo social y ésa idea del misterio, ésa idea del pensamiento cósmico y de la voluntad
divina, se ha ido perdiendo.

   Entonces se trata de cómo nosotros lo entendemos en el sentido cristiano: de tres personas, la divinidad en tres personas. Y una manera de entender esas tres personas es viéndolo en tres maneras de experimentar lo divino. O, tres maneras de experimentar la realidad cósmica, nuestra esencia espiritual o la potencia cósmica que se hace presente en el hombre.

   El Espíritu lo vemos manifestado en el pensamiento normal y conciente a través del cual nos podemos comunicar con los demás, a través del cual estamos unidos y podemos crear un entendimiento entre todos. El pensamiento, la palabra, la comunicación, todo esto a través de lo cual podemos establecer una fraternidad. Y lo importante del espíritu es que se experimenta concientemente y es algo que pertenece a todos. Por eso la identificación que siempre se ha hecho entre el espíritu y el aire, algo que está en todas partes, y que todos lo tienen y que se experimenta sobre la vida conciente del alma, sobre la vida cogitativa, sobre la vida de los pensamientos en donde podemos vivir en comunidad y en libertad. El Espíritu es la idea de la fraternidad universal.

   El Hijo, es distinto, porque el Hijo se manifiesta en "las misteriosas y gloriosas profundidades de lo más íntimo del ser", en la vida subconciente del alma. El Hijo es el Yo en el aspecto más íntimo y personal y más individual. Es el Cristo, y en su aspecto femenino la Virgen, y su lugar es en las honduras del alma y en la vida de los sentimientos.

   Y es así como el Espíritu se manifiesta, o como lo experimentamos en la vida del pensamiento. En aquello que es más objetivo, y en el sentimiento que es mucho más individual y más personal experimentamos al Hijo. El Padre se experimenta en todo lo que está más allá de eso, lo que es demasiado recóndito, lo que es demasiado remoto, en el ímpetu majestuoso de lo desconocido, en el impacto majestuoso o reverente de lo desconocido, en la idea de la creación en el sentido universal, en la grandeza de la creación, en todo aquello que trasciende, que está mucho más allá del hombre. Esta es la idea del Padre.

   El pensamiento cósmico ha ido pasando por una transformación a lo largo de la historia, en la manera como el hombre experimenta esa voluntad divina o esa afirmación de la divinidad. En el período rosacruz sufrió una transformación muy importante, y nosotros tenemos hoy día una especie de legado, que fue lo que realizaron los Rosacruces desde el punto de vista cultural. En el Antiguo Testamento, con el énfasis que hay en el Padre, como lo vemos manifestado, por ejemplo, en el libro de Job, donde Jehová le responde a Job como un torbellino, desde las fuerzas inescrutables e implacables de la naturaleza. Las Teofanías de Job son el Dios que se manifestaba, que se expresaba al hombre a través del torbellino, a través de la tempestad. Dice el capítulo 36, versículo 33: "El trueno declara su indignación y la Tempestad proclama su ira contra la iniquidad...".

   Esta cita estaba escrita en la tumba de Cristian Rosenkreutz tal como lo describe uno de los manifiestos rosacruces. Por supuesto que esa tumba nunca ha sido vista, históricamente hablando, pero los manifiestos rosacruces la describen en el momento en que fue abierta y describen lo que había adentro. Que haya sido histórico o que haya sido algo simbólico no lo sabemos por ahora. Pero entonces, cuando la cita de Job dice que el Trueno declara su indignación, está hablando del Padre. "Oíd atentamente el estrépito de su voz y el sonido que sale de su boca"

   Ese es el Jehová del Antiguo Testamento. Y lo que vemos en todo el Antiguo Testamento, especialmente en los Salmos y en el libro de Job, es ése involucramiento total del judío con esa voluntad divina, con su señor. Por esto es que también dice la cita: "... por eso se estremece mi corazón y salta de su lugar".

   Es esto lo que nosotros heredamos, y eso es lo que nunca han podido entender los Orientales, en relación con la noción tan personal de Dios que tenemos nosotros. Por que ése Dios al ir descendiendo a través de las generaciones se fue incorporando en nuestra sangre, hasta llegar al momento en que lo sentimos en las venas. No lo hablamos racionalmente o intelectualmente, sino que lo llevamos en las venas, como decía Steiner: de Cristo no se puede hablar en forma intelectual, conceptual o teórica, hay que llevarlo en las venas. Lo opuesto radicalmente al Budismo, donde es necesario el desapego y la desidentificación. En el Cristianismo es todo lo contrario, pues es el fortalecimiento del Yo, y no su abandono.

   El Salmo 104 cuando habla de Jehová dice: "El que se cubre de luz como vestidura. El que extiende los cielos como una cortina. El que establece sus aposentos entre las aguas. El que pone las nubes por su carroza. El que anda sobre las alas del viento..." Ese es el Padre. ¿Y cómo experimentamos nosotros este aspecto? Veamos en el Apocalipsis de San Juan, capítulo 19, versículo 6 en donde dice: "Y oí como una gran voz de gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía:  Aleluya por que estableció su reinado Dios nuestro señor el Todopoderoso " (el "Pántokrator" como se dice en Griego).

   Esta idea de Dios en el pensamiento tradicional, en el pensamiento griego, que nosotros heredamos, en el mundo occidental no tiene cabida porque es un pensamiento de tipo racional y filosófico. Pero la Biblia está escrita con otra idea completamente distinta, que es la idea de la " historia del Ego ", la historia del Yo, es la encarnación del Yo, su maduración y su florecimiento en la figura de Cristo. Y luego, a través de Cristo, el florecimiento de ése Yo en cada individuo por separado. Pero siempre ése Yo se manifestaba como voluntad.

   Entonces tenemos esa idea del sonido de las grandes aguas. El Salmo 29 dice: "Voz de Jehová sobre las aguas; Truena el Dios de gloria, Jehová sobre las muchas aguas ". Así era como lo sentían o lo experimentaban, y no lo experimentaban en fuerzas externas que ellos adoraban, como los demás pueblos, como una multitud de fuerzas naturales donde cada una era expresión de una divinidad, sino que lo experimentaban en la sangre, eran ellos mismos, lo sentían por dentro. Toda esa majestad  reverente de la naturaleza ellos la sentían por dentro, en su sangre, como la manifestación de una divinidad que ellos llevaban dentro. Era el Dios de Abraham, de Isacc y de Jacob, y nunca decían simplemente el Dios de fulano de tal, pues era el Dios de las generaciones, el Dios de la sangre. Era el Yo cósmico que se fue individualizando, y por eso a Moisés le dice: " Yo soy el que soy " , y ése es el Yo cósmico en Cristo, donde está manifestada su plenitud en una personalidad humana.

   Por eso Cristo se convierte en ejemplo de la plenitud espiritual de la personalidad humana, para que veamos que el espíritu  en toda su plenitud se puede manifestar a través de una personalidad. Y así entonces es que nuestra personalidad adquiere un sentido cósmico, una dignidad cósmica. Esta es la esencia del Cristianismo. Y no se puede adquirir si nosotros nos quedamos en la mera experiencia terrenal, en una mera conciencia externa y pequeña. Tenemos que ascender a las ideas universales o al pensamiento cósmico. Este es el camino del Ocultismo en Occidente, y ese fue el impulso o la dirección que establecieron los Rosacruces en términos de nuestro desarrollo espiritual, el ascenso al pensamiento cósmico, o visto de otra manera, el descenso del pensamiento cósmico sobre la individualidad humana, que se experimenta como el descenso de la gracia, y es así como entonces quedamos llenos de consagración y de verdad.

   Podemos imaginarnos un río caudaloso y pedregoso donde se escucha la corriente golpear fuertemente contra las rocas, o imaginarnos este mismo río pero como si fuera de montaña, en un lugar inhóspito, un río que no se puede ver debido a la selva, o un cañon donde no lo podemos ver y que sabemos que anda por allí en las profundidades y que inspira miedo, y que aunque es una simple cuestión natural hay en nosotros algo que nos inspira un temor y un respeto, y ése mismo temor y respeto era el que sentía el hombre ante Dios. Por eso la frase escrita que dice: " El comienzo de la sabiduría es el temor de Dios ". Este era el sentido del Antiguo Testamento, el sentido de los Judíos. Ese Dios todavía era trascendente, no era humano. Para el Cristiano es diferente, pues ése Dios se hizo humano, pero en lo interior de cada individuo como una experiencia íntima muy individual, en completa libertad.

   Si nos concentramos y profundizamos, no en la visión sensible de lo que estamos viendo en el río, en la selva o en el cañon, sino en el sonido de algo que sabemos que es tremendo, que está más allá de nosotros y que nos hace sentirnos poco, eso sería un ejercicio de meditación. Pensemos primero en lo que produce un sonido así, y luego quedémonos solo con el sonido hasta llegar a sentir el sonido, veremos entonces que las meditaciones no sólo son con imágenes, podemos meditar en sonidos también, tremendos sonidos. Y el sonido del oleaje  es otro que podemos llegar a sentir, como si estuviéramos allí, frente al mar. Terminamos entonces la experiencia sensorial y comenzamos a relacionarnos con el sonido. En el sonido del viento en las copas de los árboles, por ejemplo, y el follaje estremecido por el viento, es el sonido. Y no son las ideas que estamos contemplando como un conocimiento o en términos de inteligencia, sino que es algo que escuchamos, y entonces  experimentamos, a través del sonido escuchado, el pensamiento del Universo. Y entonces, cuando estamos concentrados en una fuerza así o en una realidad así, lo que vivimos es un movimiento infinito y sin tiempo, no corresponde a nada físico, es tremendo como la avalancha. Sería la fuerza de la avalancha pero sin la avalancha, o un grito pero sin el grito, o sea no hay nada de los sentidos, solo queda la fuerza, y entonces la experiencia en movimiento en un devenir infinito, sin principio ni fín como el río, como las grandes aguas. Es allí entonces que estamos frente al Pensamiento Cósmico y la Mente Divina. El Plan de Dios y ese montón de esquemas por el estilo son sólo conceptos y teorías. Y el desgaste que significa sentarse a hablar de eso, en contraste con la experiencia de concentrarnos y poner nuestra atención en vivir esto otro, y  en escuchar.

   Como dice  Luz en Sendero ": " Escucha el canto de la vida ". Y para escuchar el canto de la vida primero tiene que haber silencio por dentro, y así, entonces, en lugar de ese desgaste lo que tenemos es más vida, nos llenamos de algo mayor que nosotros, nos llenamos de consagración y de verdad, nos llenamos del Espíritu Santo. Es como un ritmo, un latido inexorable y eterno, como la idea del gran desconocido, un misterio pulsante, un misterio que late, una intimidad remota y oculta, es Dios en lo profundo del Cañon. Pero curiosamente esa fuerza, esa reverencia y ese temor que sentimos ante el sonido del agua que no podemos ver, y que sabemos que corre muy profundamente allá en el Cañon abismal, es algo que estamos experimentando y que está dentro de nosotros mismos. Por esa razón es que nos identificamos con éso que sentimos, estamos involucrados, formamos parte de eso. Sí le tememos, así, y sí sentimos eso es por que en una parte de nosotros existe ésa fuerza. De lo contrario simplemente lo contemplaríamos como algo externo, que es lo que nos enseña la ciencia moderna.

   Y los Rosacruces a lo que llevaron fue al desarrollo de una forma de relacionarse con el mundo natural, con las fuerzas de la naturaleza. Con los mismos fenómenos que estudían  las  ciencias naturales que se desarrollaron en el período del Renacimiento y de los siglos siguientes, paralelamente al desarrollo del Rosicrucismo. Pero al mismo tiempo que los Rosacruces veían estos fenómenos como algo completamente externo, desarrollaron una forma de conocimiento y una forma de indagación científica en la cual el hombre sí estaba involucrado.

   Entonces es como captar la inteligencia del Cósmos pero en un sentido más profundo y elemental, y no como ideas bonitas. Captar, no con el intelecto, no con el cerebro, sino con el cuerpo etérico. Y no solamente percibir imágenes sino también el sonido. Es escuchar, y especialmente escuchar, por que en ello hay un involucramiento hasta el nivel de la sangre, el estremecimiento del corazón. Por eso como decía Jehová: " Escucha oh Israel ! Yo soy Jehova el Todopoderoso ". El escuchar una realidad, o el escuchar el sonido, o el canto de la vida como diría " Luz en Sendero ", es un canto, no es como tú que eres sordo, puedes pensar, en llanto.

   Este proceso en el cual estamos percibiendo en ésa forma, sin los sentidos, implica un calor. Es una experiencia de calor y al experimentarla dentro de nosotros, es como un útero que está abarcado por un calor, genera calor. Es un horno, es un fuego pero no un fuego como la idea de la llama, sino de fuego en el sentido cósmico. Es el fuego cósmico en nosotros lo que experimentamos. Y no es ninguna metáfora, sino la fuente de todo lo que existe, pues el origen de todo es el fuego, la voluntad, no como fuego, sino como calor. Entonces, lo que experimentamos en ése momento, como una experiencia puramente interna de una realidad, es una realidad de la creación, una realidad del mundo que nos rodea, y aún de nosotros mismos. Es la experiencia de la vida y de la voluntad divina en nosotros, a través de esa experiencia de calor cósmico o de fuego. En donde lo que se está manifestando no es una idea de esta vida trivial y pequeñita, sino la idea acerca de la creación, acerca de las esencias, de lo que es el origen de todo. Por que es un sentimiento de movimiento y el pensamiento es movimiento, y el sonido también, el pensamiento suena. No son ideas abstractas, esas cosas que nosotros pensamos, que es el pensamiento espiritual o cósmico.

   Eso es lo que viene por la liberación del cuerpo etérico o lo que venía por el proceso de la Alquimia. Esa es la acción creadora de jerarquías superiores, y esa acción creadora de jerarquías superiores es lo que experimentamos como ése calor dentro de nosotros, por que dentro de nosotros están esos seres superiores, esas entidades jerárquicas que han creado todo, y que lo siguen sosteniendo por medio de su voluntad. Dentro de nosotros está ése cosmos que es como una fuente sonora, y la fuente de toda acción jerárquica, de toda esa fuerza es el Sol. Son un montón de llamitas, algo infinito que no tiene ni principio ni fín. Y es también el sentimiento de la inhalación y la exhalación del Cosmos, que es el pensamiento, la respiración del Universo, la respiración del Sol, pues el Sol no sólo emite simplemente un montón de rayos o gases en el sentido físico, es sonido también. Y ése sonido es lo que modela, lo que conforma y lo que sostiene el Cosmos, o nuestro Cosmos. Y entonces esa inhalación y esa exhalación del pensamiento cósmico es una experiencia de un calor que se expande y que se dilata. Y es cuando nosotros nos sentimos muy bien, sin molestias físicas, y que estamos en una serenidad y una tranquilidad completas, o sea, lo que llamaríamos silencio interior donde  no hay nada del mundo externo que nos perturbe. Hay momentos en que nos sentimos así, especialmente en las tardes soleadas, cuando experimentamos como una dilatación de nuestro ser, y no son pensamientos, sino que es toda una experiencia de dilatación, de que uno en sí no tiene ni principio ni fín, es infinito. Y al escuchar y al percibir ese movimiento, no se está percibiendo como algo externo, sino que se está percibiendo en uno mismo, y el hecho de que uno lo pueda percibir es que lo está percibiendo con el espíritu que hay en uno, y el espíritu es ése movimiento. El pensamiento del Universo es el movimiento, es el devenir, el flujo y el sonido de la vida.

   Cuando los Indúes hablaban de Manas, de la Mente no hablaban de la mente en el sentido en que hablan los Occidentales, o que se lo imaginaban los ingleses que fueron a la India. No era el intelecto en nuestro sentido occidental, no era nuestra mente, tal y como nosotros estamos acostumbrados a pensar o a entender, " Y en los sueños la mente contempla su propia inmensidad, lo que se ha oído se oye de nuevo, lo que se ha sentido en lugares diferentes o regiones distantes vuelve a la mente otra vez, lo que se ha visto y lo que no se ha visto, lo que se ha oído y lo que no se ha oído, lo que se ha sentido y lo que no se ha sentido. La mente todo lo ve por que la mente todo lo es". Esta es la mente del Cosmos y no la del Indú que escribió este fragmento, una mente trascendente.

   Todo esto es muy diferente a  que  uno se ponga a hablar de la ley de la vibración o de la ley de polaridades, y a decir que el Universo es mental, y que todo es mente, por que allí estaría uno transmitiendo un concepto que es completamente intelectual, que es el concepto griego. Pero no es de la fuerza del intelecto sino de ésa voluntad divina de la que hemos estado hablando, la que corresponde realmente a la mente universal. No es el intelecto, no es la razón en el sentido griego, sino la voluntad. No es el alma racional sino  el alma conciente. Y precisamente, el momento en que Cristian Rosenkreutz comenzó su misión y su labor luego de sus viajes en 1413, se inició el período del alma conciente y ése fue el Renacimiento. Entonces es la voluntad, una voluntad interiorizada, característica peculiar del hombre actual, del hombre moderno, del hombre del alma conciente, del hombre de la edad científica. Entonces tienen que ser conceptos científicos, pero no materiales.

   Brahman, el espíritu cósmico de los Indúes y lo que es  el espíritu del Universo para nosotros hoy, hace 3000 o 5000 años cuando se escribieron los textos indúes, no era lo mismo que es  para el hombre actual, pues para el hombre moderno no es una fuerza impersonal de la naturaleza o de un absoluto cósmico, por completo trascendente, como sí lo era para el Indú de aquella época. Para el Indú lo único que tenía realidad era su Yo trascendente, su Yo cósmico, su Yo superior, pero esta vida aquí en la Tierra no tenía significado. Era un gusano que se tenía que majar y despreciar, ese era el Yo inferior. El Yo superior es un concepto indú y desde el punto de vista nuestro, occidental, es arcaico. Pues ese espíritu del universo, manifiesta  para nosotros, ahora, un propósito, una voluntad moral, y no es ya una fuerza impersonal y amoral como se lo imaginaba el budista. Sino que   manifiesta un propósito, y en la medida en que el hombre se pueda mantener a sí mismo como una personalidad, relacionándose con este espíritu del Universo como una persona, esa realidad, que es este espíritu del Universo, va a manifestar una intención, un propósito y un impulso moral en compromiso, es decir va a exigir de uno un compromiso.

   Quiere decir que es una persona con la cual uno se está relacionando, una persona espiritual, a través de la parte espiritual de uno, que es también persona. Y entonces ya no es uno esa gotita que se mezcla en el oceáno y se esparce y se fragmenta, sino que mantiene su personalidad frente al embate del Espíritu Cósmico. Frente al embate de las olas del oceáno universal, mante niendo la personalidad unida, en lugar de que quedefragmentada y hecha pedazos como le sucedía al hombre antiguo, que no podía enfrentar ese embate del pensamiento cósmico, por que destruía su individualidad. Por eso el hombre antiguo tenía que prepararse ofuscando su individualidad primero, aminorándola, ofuscando el Yo y haciéndolo a un lado. El que se osaba acercarse con el Yo a eso terminaba loco, era un sacrilégio, una cosa inconcebible. Pero para el hombre moderno es muy distinto.

   El sentido de la disciplina Rosacruz es entonces  la preparación de la mente humana para que acoja y reciba en su seno al pensamiento cósmico, sin que fragmente o destruya la individualidad o personalidad humana, sino que la llene de consagración y de verdad. Y esto es lo que da el Cristianismo, la ética cristiana, la humildad, y la obediencia en el sentido cristiano. La experiencia de la gracia, de la aceptación y de la renuncia, la aceptación del dolor, y la idea de Cristo como redentor, como el agua de la vida. Todas esas imágenes se fueron infundiendo  dentro de la Alquimia y fueron el impulso que dieron los Rosacruces a nuestra vida espiritual.

   Y por ejemplo, en la idea del aura de luz o el aura del Sol que se filtra entre las nubes, los Rosacruces  veían una manifestación de este pensamiento, de esta intención divina. O en la gloria del Sol que era el Espíritu Santo, y la paloma en la imagen de los rayos del Sol que se mezcla entre las nubes. Todas esas imágenes vienen de ese período Rosacruz. El rayo y el trueno eran la manifestación de la voluntad de Dios. La aurora y el arco iris eran la manifestación del pensamiento de Dios. Así pues las fuerzas naturales eran manifestaciones de intenciones divinas y de procesos espirituales para el Rosacruz. Y al concentrarse el hombre en esas manifestaciones, estaba también interiorizando esas fuerzas y  esa voluntad divina, convirtiéndola en una experiencia interior, que transformaba todo su ser interior.

   Entonces se puede decir que hay tres principios que definen bien cual es este acercamiento del Rosacruz al conocimiento del mundo y al hombre: Primero, que es un proceso de observación y de indagación acerca de los fenómenos de la naturaleza, y los fenómenos del mundo en los cuales el hombre se transforma, y ante los cuales no permanece impasible. Y esto no era una supuesta observación objetiva que es imposible, que es un mito, y que no existe en la ciencia, aunque la idea de la ciencia es que se debe ser imparcial y se debe estar separado de lo que se observa, como quien dice en un laboratorio, sin involucrarse.

   Pero, para el Rosacruz el involucramiento era total y el proceso de indagar y de aprender acerca del mundo llevaba a una transformación de sí mismo, a una mutación. El conocimiento implicaba una metamorfosis, y por eso la persona se convertía en una con el objeto de conocimiento. Era una experiencia total que implicaba, por lo tanto, también un sentido de moralidad. Por que implicaba todas las fuerzas de la vida, de la personalidad del individuo, de su Yo, y por lo tanto la necesidad de escoger y de decidir. Segundo, que el instrumento para ése conocimiento, para esa observación del mundo era el pensamiento humano y el pensamiento humano era, para el Rosacruz, el aparato por medio del cual conocía la realidad. Y al decir pensamiento no hablamos del cerebro o la cabeza, sino que es aprender a pensar con todo el cuerpo, con las manos, con todo. Una ciencia sin aparatos.

   El conocimiento de la realidad espiritual no se obtiene con un microscopio o con el telescopio, sino con lo que experimentamos, y con la penetración de esa realidad, o esa ilusión que experimentamos con los sentidos, y que es necesario penetrarla y atravezar el velo. Pero, el telescopio y el microscopio lo que hacen es que nos sumergen más en lo material. Los Rosacruces encontraron la sustancia que está intermedia entre lo físico y lo etérico: el fuego cósmico, y aprendieron a controlarlo. Esto es lo que se conoce como el  "Magisterio del Fuego" y ésta es la gran obra del Rosacruz o del Alquimista, el "Magisterio del Fuego".

   La ciencia moderna lo que ha hecho es sumergirse en la materia, y lo que ha descubierto es lo contrario, es decir, el antifuego, el plasma o el cuarto estado de la materia como lo llaman ahora. Pero esto no es la idea del fuego de los Rosacruces sino que es lo opuesto, es la destrucción, el fuego destructor en lugar del fuego constructor, el fuego del ciclotrón, el fuego de la bomba atómica, de la fisión nuclear, en un  camino radicalmente opuesto al Rosacruz.

   Entonces, decíamos que el primero, es aquel en que el cual el hombre se transforma en el proceso de la observación, el segundo, es que el pensamiento humano es el aparato o el instrumento que tiene el hombre a su servicio, y el Tercero es que el Cosmos se realiza a sí mismo dentro del pensamiento humano.

   Cuando es a través  de nuestro pensamiento, y no esos pensamientos de lo trascendente y de lo universal o  la mente cósmica de los Indúes, sino cuando podemos interiorizar ese pensamiento y convertirlo en algo nuestro, algo que nosotros mismos generamos con nuestro cuerpo etérico y ya no con nuestro cerebro. En ese momento el Cosmos se realiza a sí mismo, se regocija como diría Goethe.

   Cada vez que nosotros descubrimos algo, alguna verdad, el Cosmos se regocija. La esencia del Cosmos efectivamente es pensamiento. Pero no pensamiento en forma intelectual o en forma racional, sino movimiento, fuerza tremenda, sonido creador. El hombre es pensamiento y por lo tanto es Cosmos, y no es hombre hasta que hace suyo el pensamiento divino, el pensamiento del Cosmos. Hasta que lo interioriza, hasta que él mismo lo genera, hasta que en su propio cuerpo etérico es  quien lo genera. Como un horno, como el horno del Alquimista, al Atanor. Es el cuerpo etérico del ocultista el que genera entonces esos pensamientos cósmicos, y libera al hombre devolviéndole el árbol perdido de la vida.

   Hablamos del "Magisterio del Fuego" y tenemos entonces la idea del fuego, de la llama y de la luz, y podemos ver al fuego como una luz aprisionada, y a la luz como un fuego liberado. Esta idea del fuego visto como una luz aprisionada es la idea del "Tohu Vaboju" de la Biblia, cuando dice que la Tierra era un caos. El fuego creador de las jerarquías superiores había sido aprisionado, como envuelto, convertido en un fuego interno, y esto dió origen a algo físico-material, como si fuera una agujero, una burbuja o un hueco en el éter, que es la esfera. Lo sólido, el mundo físico es un hueco y no es el mundo real.

   La llama es la unión de los dos fuegos, de la luz que es el fuego liberado y del fuego terrestre que es la luz aprisionada. La llama es el intermedio o la unión de ambos, de la luz ( la vela o la llama del horno ) y del fuego terrestre, el fuego de fricción. Toda la creación que nosotros experimentamos por los sentidos, lo físico, es una manifestación de este fuego aprisionado o lo que llaman los Indúes, el fuego de Kundalini.

   En el hombre ese fuego terrestre es el que ha causado la Caída, pues cuando el hombre se relacionó con ese fuego de la Tierra, se hundió en lo material. El hombre es el óvulo, el sémen, la sangre, el cerebro y el calor físico. El cerebro es, como si dijeramos, el resultado de la sedimentación interna del calor que se manifiesta en la sangre, en la reproducción y en todos esos procesos. Es la sedimentación interna de ese fuego terrestre, de ese fuego aprisionado, y la materia, la ceniza, la sal del Alquimista es la manifestación exterior del sedimento, y es el resultado externo del proceso, es el residuo que deja la actividad interna del hombre. En el sentido interno ese residuo es el cerebro, la ceniza que se opone a los sentidos. Si quitamos la ceniza o la sal todo se vuelve volátil En el hombre el Yo, la llama y el alma son lo mismo y el hombre es como la diferencia o la unión entre los dos fuegos, y el producto de esa diferencia es el ser humano que tiene dos fuegos. Esa es la llama.

   Las manifestaciones de la llama en el horno eran también las manifestaciones de la presencia de ése espíritu creador en el hombre o de esa voluntad divina. Como si el hombre fuera la diferencia entre el fuego y la luz, y la unión de esos dos, fuego y luz, es el pensamiento.

   La idea del "Magisterio del Fuego" era a través de esa actividad creadora en la naturaleza, la cual ellos interiorizaban en el ser, en su propia alma. "Solve et Coagula", disolución y cuagulación, dos procesos. Esto es también el pensamiento. Es el mismo proceso del cuerpo etérico en el organismo en el sentido metabólico, y en la naturaleza de las fuerzas vitales de la misma naturaleza, se daba el pensamiento humano pero en un sentido espiritual.

   La sal era todo lo que podía precipitarse o sedimentarse, era el reposar de lo sólido, la ceniza  como el residuo del pensamiento cósmico, pero más bien en relación a la Caída. Era el residuo del pensamiento en el hombre mismo, pues el mismo hombre fue el que hizo que la Tierra se hiciera sólida, se llenara de cenizas. Y allí, en la sal, venían los procesos de putrefacción y volatilización como dos procesos contrarios. Sumado eso, a la parte que correspondía en la oratoria y a la plegaria o la oración, daba origen a una transformación completa en el interior del que la practicaba.

   La práctica continua y repetida, la observación, la entrega, la devoción, el asombro, la concordancia, todo eso en relación a lo que se estaba observando en el Horno, en el Crisol o en el Envase Hermético, hacía que los mismos procesos que él estaba observando los experimentara dentro de sí mismo. Era un proceso a través del cual, estudiando los procesos de la naturaleza y las fuerzas naturales, el hombre se abría a la naturaleza. Y es así, como lo vemos históricamente, que el hombre se abrió a la naturaleza, luego de pasar toda la edad media completamente cerrado al mundo de la naturaleza. Y fue así, abriéndose, como el hombre adquirió conocimiento de los procesos del mundo. Pero no solo en un sentido materialista sino con un involucramiento total que lo llevaba a una transformación de su aura, la cual se volvía cobriza, reflajando en ese color cobrizo, el cobre subjetivo, el pensamiento divino que ya estaba completamente interiorizado.

   Dice la "Tabla Esmeralda" : "Separa la tierra del fuego, lo sutíl de lo grosero con gran arte, con gran prudencia..." Separar la sal de lo que es volátil, con gran arte y con gran prudencia era el arte. Entonces el Alquimista lo que hacía era reproducir el proceso de la naturaleza en su laboratorio , acelerándolo. Podemos ver que este concepto es parecido al de la aceleración de los ciclotrones modernos, que aceleran las partículas, pero en un sentido totalmente opuesto, que lo que hace es destruir la materia en lugar de crearla. Este es un proceso del cuerpo etérico.

   El desenvolvimiento y la liberación de ese cuerpo etérico en el Rosacruz producía una aceleración en los procesos que a la naturaleza le llevan millones y millones de años. Por ejemplo, convertir el carbón, que era la Piedra Filosofal, o la madera en oro o en diamante. Esto significaba vencer a la naturaleza, y esto es exactamente lo que el hombre moderno ha hecho en Occidente al haber aprendido a modificar el ambiente. Por el contrario, en
Oriente nunca se pensó en modificar la naturaleza sino en estar en armonía con ella. Pero en el mundo occidental sí se va modificando, hasta matarla por desgracia. Sin embargo al mismo tiempo es una magia, pues esta aceleración de los procesos, que a la naturaleza le llevan millones y millones de años, es una forma en que el hombre la redime. Cuando nosotros vemos los desiertos, las inmensidades rocosas de antiguos glaciares completamente trazadas por líneas eléctricas y telefónicas, no nos damos cuenta que allí hay un proceso espiritual tremendo, implantado como una raíz en el mundo físico. La manera en que lo usamos, ya es otra cosa, pues lo podemos usar ya sea para bien o para mal, pero eso no significa que no sea un proceso espiritual, que ha implicado un esfuerzo muy grande por parte del hombre.

   Eso que hicieron los Alquimistas hace 400 o 500 años, se hizo después en una forma completamente externa en la Revolución Industrial, que fue lo que llevó a la transformación del medio ambiente, con las máquinas, en el sentido externo. Y el pensamiento del Industrial, en ese entonces, era "mejoremos a la naturaleza". Y en realidad, entonces, los verdaderos sucesores de los Alquimistas no son los Psicólogos modernos como se lo imaginaba Jung, sino que fueron los industriales y los inventores que buscaron mejorar la naturaleza.

   Existían, entonces, fenómenos de sublimación, de fermentación, etc, relacionados con la sal y con la ceniza, de manera que se partía de los metales hasta llegar a la Piedra Filosofal, con tres sustancias fundamentales, el Envase Hermético y el Atanor o Crisol. Las tres sustancias fundamentales eran; la sal, el azufre y el azogue; la sal, era todo aquello que se podía precipitar, todo lo que se podía convertir en ceniza; el azufre, era el producto de la pulverización, de privar de la humedad por medio del fuego.

   Todo lo que podía ser destruido por el fuego era llamado azufre, por lo tanto implicaba los procesos de combustión, de calcinación y de incineración de las sustancias. Y toda la observación de esos procesos se daba acelerándolos en el laboratorio, con la plegaría, con un método oculto muy definido, en un lenguaje muy simbólico y muy secreto. También en la obsevación de la naturaleza, la cual lleva a cabo sus procesos de una forma mucho más lenta. Ellos aceleraban estos procesos, al igual que hace el ocultista moderno cuando acelera un proceso a través de la intensificación de sus fuerzas etéricas, por medio de una técnica, al igual que lo hacía el ocultista antiguo, a través de las ciencias y las fuerzas naturales. Nosotros, ahora más directamente, a través del pensamiento.

   Los Rosacruces lo hicieron por primera vez a través de los fenómenos de la naturaleza y eso llevaba a una ofrenda, pues lo que ellos experimentaban en esa combustión de las sustancias que eran consumidas por el fuego, era un ofrenda de lo inferior a lo superior. Lo que era consumido por el fuego era para ellos. la ofrenda de sí mismos, la entrega fervorosa y el sacrificio. Así experimentaban en su interior el sacrificio de los Dioses, el sacrifico divino, y todo eso llevaba a una transformación de su aura que se hacía dorada. El color del sacrificio divino de los Dioses que se derraman sobre la creación, ése es el oro, el oro subjetivo. El azogue o el mercurio, que era la tercera sustancia, era todo lo que se diluye o se disuelve, todo lo que es en cierta forma líquido, lo que puede pasar por una disolución. El azogue era lo que permitía producir la cúpula de las sustancias, combinando esto con la oración y con toda esa entrega al proceso dentro del laboratorio, y el oratorio, y con su hermana mística que era la esposa del Alquimista, éste llevaba a la transformación a  su aura, en un color plateado, que según Steiner, es el color del "Amor de los Dioses", del amor divino.

   Así fue como el Alquimista vivió verdaderos dramas anímicos o astrales para la obtención, por ejemplo del Antimonio y de otras sustancias en su laboratorio. En la producción de muchas de estas sustancias, que por primera vez descubrieron los Alquimistas, experimentaban dramas completos y no era una simple cuestión externa. Cuando llegaba a forjarje una sustancia nueva, en una transformación completa de ellos mismos, se liberaban y llegaban a alcanzar el estado de gracia.

   Entonces en la idea de la entrega el Rosacruz se abría al pensamiento cósmico y lo divino descendía en él, la gracia o el fuego de los Dioses, que era el conocimiento universal de las fuerzas espirituales. Las cuales, vivas y actuantes en el mundo, descendían sobre él, y aprendía a ver la obra del espíritu cósmico, el Sol, el aura dorada en todos los reinos de la naturaleza. Aprendía a conocer su sentido de majestad mediante sus poderes cognocitivos, acrecentados, de imaginación, inspiración e intuición. Este es el origen del ocultismo nuestro, del ocultismo occidental. Aprendía el Alquimista a leer el libro abierto de la naturaleza y fue así como llegó a experimentar o encontrar el "Gran Manto", lo que ellos llamaron el ropaje del universo o el velo del universo, que era la quinta esencia o aquella sustancia límite entre lo físico y lo etérico. Ellos rompieron ese velo y penetraron el misterio del fuego por medio de una armonía entre el pensamiento y la voluntad, que lograron mediante la intensificación del sentimiento. La llama era la luz constructora del conocimiento humano, era el pensamiento creador libre que iluminaba las tinieblas en el interior, ese es el Yo en el sentido espiritual, es fuego puro.

   El Atanor, el horno de ellos, era el calor interior producido por actividad del Yo cuando el Yo actuaba. Y así como el Yo se manifestaba en la sangre caliente, cuando se despierta espiritualmente, el Yo comienza a actuar y produce un "horno". Un fenómeno de calor que genera pensamientos, genera elucubraciones, genera pensamientos iluminados de índole cósmica, propios, salidos de sí mismo, esa es la actividad del Yo, que es como el calor de la matríz y es como una concavidad que se produce, es la llama del sacrificio, pues conciencia significa sacrificio. Por eso hablamos del Dios que es fuego consumidor, o el Yo que es fuego consumidor.

   Ellos pusieron la semilla, interiorizaron la voluntad divina, y de ese modo, recapitulando la vida psíquica del hombre desde sus mismos orígenes, en el árbol de la vida, trazaron el puente espiritual a lo suprasensible, hacia la luz, hacia el espíritu cósmico de Cristo. Ellos son la transición gracias a la cual el hombre moderno puede ir a Cristo, en el sentido moderno, a Cristo como la luz del mundo.

   Por esa transmutación o esa transformación en el interior de ellos, a través de una forma de indagación científica de la naturaleza, de las fuerzas de la naturaleza, y una intensificación de esas fuerzas en su interior, transformaban el fuego en el sentido externo en la luz, espiritualizando la materia, espiritualizando el mundo, convirtiendo el plomo en oro. Y todo el ocultismo moderno se fundamenta en ese empuje, en la manera en que se ha manifestado históricamente, y en los símbolos que usaron.

   Y esta manera, como recapitularon la vida psíquica del hombre desde sus orígenes, en el árbol de la vida, podemos verla recordando el versículo final del capítulo 3 del Génesis que dice: "Echo pues Jehova fuera al hombre del paraíso y puso al oriente del huerto querubines y una espada flamígera que se revolvía por todos lados para guardar el camino del árbol de la vida". Una espada de fuego rodeaba el camino del árbol de la vida y ellos atravezaron ese fuego, y ese fuego es el cuerpo etérico. Ese es el Horno o el Atanor, es el cuerpo de transmutación, el cuerpo alquímico, la fuente. Y la manifestación de ese cuerpo es el pensamiento, el pensamiento como producto de una combustión en interior del hombre, una combustión entre los pulmones y la sangre, en el sentido espiritual. Esa combustión que se produce entre el aire y el calor de la sangre, la oxigenación de la sangre, es el pensamiento humano. Y desde el punto de vista espiritual, es la unión entre el calor terrestre, el calor en el interior de la sangre, el calor del óvulo y del sémen, el calor reproductivo de la sangre, y la luz. Y el producto de esa combustión es el pensamiento, pero el pensamiento que es, precisamente, esa combustión, producto de un "Solve y cuagula", y no simplemente ese pensamiento abstracto e intelecual que nosotros desarrollamos después o paralelamente al impulso rosacruz, que fue la ciencia materialista.

   Este impulso se estableció precisamente  para que el hombre tuviera un camino alternativo, que lo llevara a su desarrollo espiritual, y que fuera una opción más viable para el hombre que la de San Francisco de Asís, que significaba retirarse de todo, dejarlo todo, y alejarse de la sociedad.
 

[ésta es una transcripción de la grabación de una charla dada en forma privada en San José, Costa Rica, en 1989]

 


 
 
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