La magia de la India


Cuentos


Akbar y Birbal

Tiene que ser por algo, ya veras…

Dice la leyende que existió en el norte de la India hace como unos trescientos años un rey llamado Akbar, era conocido como "El Gran Akbar" por tener el reconocimiento de ser un emperador justo y bondadoso, y éste como cualquier gran hombre tenía a su lado un astuto concejero que le brindaba sus acertadas recomendaciones en los momentos de grandes dificultades. Este fiel concejero se llamaba Birbal, el cual además de ser muy sabio era conocido por su gran optimismo y buen humor. Birbal cumplía con la misión de hacerle ver al rey las circustancias de una manera distinta, sin importar que tan desastrozas o difíciles estas podrían parecer al verlas de manera superficial, de esta forma el rey en ocaciones, gracias a los comentarios de Birbal cambiaba sus puntos de vista en relación a las cosas que le sucedían, pero en una ocación realmente se enfureció con su amigo.

Un día Akbar para entretenerse se fué a cortar leña en el campo, cosa que casi nunca hacía por lo que su experiencia no fué nada bueno, de un movimiento de hacha se corto el dedo pulgar de su mano derecha, lanzando un tremendo grito mientras la sangre se derramaba por todo lado. Varios días quejándose de este acomtecimiento, a lo que su concejero le decía, tiene que ser por algo, ya verás. Llegó a tal punto su rabia con las palabras de Birbal que decidió enviarlo al calabozo del castillo por unos días para no escucharlo más.

Al día siguiente realizó su viaje matutino en su corcel negro a travesando los bosque que rodean su castillo, con la mala suerte de que fue interceptado por una tribu de salvajes caníbales. Lo metieron al atardecer en ona olla grande a la cual le echaron un poco de zanahorias, papas y algunos condimentos. Sin saber que se comerían a un rey bien condimentado, este aún con vida lamentaba que no se encontrará en ese momento con su amigo y consejero para almenos tener algun consuelo en el momento de la muerte. El gran jefe de la tribu le daría el primer mordisco, que por tradición esta primera parte la hacen cuando el sacrificado aún esta con vida, al ver este que le faltaba la mitad de su dedo pulgar sus ojos se desorbitaron y comenzó con euforia a gritar y pegar brincos lanzando injurias señalando la mano que le faltaba el dedo que había perdido hace unos días, el rey claro no entendía pero luego pudo interpretar que aquello ellos lo habían visto como una señal divina, una especia de augurio celestial, razón por la cual fue lanzado al bosque de nuevo con su caballo insistiéndole que se marchara a gran velocidad.

Al volver a su castillo con ansiedad busco a Birbal su amigo y consejero para contarle lo que había pasado reconociendo en contra de su voluntad que nuevamente este tenía estaba en lo correcto y que todo sucede por alguna razón.

Birbal salió sonriente del calabozo mientras escuchaba las palabras de su monarca, y este le preguntó:

A ver dime, si todo sucede por alguna razón ahora explícame porque fue que te metí al calabozo.

Mi apreciado rey, es obvio, si yo hubiera estado con usted, y ellos decidían no comérselo a usted, hubiese sido yo en esa olla!, así que recuerde todo siempre tiene una buena razón.


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